23.1.05

Cómo tener una práctica inquebrantable

Por Daisaku Ikeda
Tomado del Seikyo Criollo Abril 1998

Muchas personas se enojan y acongojan ante fenómenos que son en realidad reflejos de sus propias vidas, del estado de sus mentes y de las causas que crearon. En realidad, las personas que nos rodean reflejan nuestra condición de vida. Nuestras preferencias personales, por ejemplo, están reflejadas en sus actitudes. De todos modos, muchas personas no entienden esto y tienden a culpar a otros por sus problemas. Daisaku Ikeda
Desde el momento en que abrazamos el Gojonzon que Nichiren Daishonin nos legó para nuestra felicidad, con toda seguridad habremos escuchados ciento de veces que todo en nuestras vidas - toda alegría y tristeza- es el efecto de nuestro Karma. La teoría de la responsabilidad kármica es bastante simple de entender, pero actuar en base a ella es materia difícil. Reconocer que depende de nosotros, especialmente algo que nos hace sentir emociones tales como ira, miedo y resentimiento, requiere de valentía y honestidad. El Budismo clarifica nuestra posición kármica con la inseparabilidad de la vida con su medio ambiente.
Podemos ver nuestro Karma y la única clave que indica que el problema se encuentra dentro de uno es que se refleja en nuestro ambiente. Hasta que verdaderamente experimentamos los frutos de aceptar nuestra responsabilidad kármica - un rompimiento o liberación de algo que nos ha plagado casi toda la vida - tendremos la tendencia a ignorar el problema, deseando que se vaya, o concentramos energías tratando de cambiar nuestra situación externa o el comportamiento de otra persona.

Pero, ¡caramba!, el mismo karma continúa dándonos en la cara. Mientras pensemos que la culpa es del otro, nuestra vida permanece consumida por la culpa que nos atribuyen los demás y atormentada por nuestra propia inhabilidad de controlar esos fenómenos exteriores. Sin tener intenciones de hacerlo, hemos asumido la posición de víctima. ¿Y la ira y el resentimiento, no nos hacen sentir horribles? ¿No obstaculizan los beneficios del maravilloso Gojonzon?.

Puede que hayan escuchado esta analogía: Tomen un vaso de agua. Aparenta ser clara, pero en el fondo se acumula una capa de sedimento. El agua es nuestra vida, esa fuerza que llamamos naturaleza de Buda. El sedimento es nuestro Karma. Lo sucio representa la gente y los eventos de nuestras vidas. El agua no se hubiera puesto oscura de no ser por nuestro Karma. Observen que, sin él, sería difícil ver nuestras propias vidas, no existiría nada para purificar nuestra naturaleza de Buda - así como ningún loto crece sin un estanque con lodo. Rehusar asumir nuestra responsabilidad kármica disminuye el poder del Gojonzon en nuestras vidas, significa también que estamos buscando la ley fuera de nosotros: "Pensar que otras personas deben ser responsables por nuestra felicidad, o que no seremos felices hasta que alguien cambie, pueden ser ejemplos de buscar la Ley fuera de nosotros". (Seikyo Times, Julio, 1990. P. 17)

Tenemos esta magnífica práctica para lograr cambios necesarios dentro de nosotros, en otras pabras, hacer revolución humana. Debido a la inseparabilidad de la vida con el medio ambiente, podemos ver los cambios que hemos deseado para nuestro ambiente. Puede requerir entonar mucho Daimoku sincero para sincronizarnos con esta verdad. Asumir nuestra responsabilidad por nuestra vida entera es un acto de valentía porque incluye abrirse al espíritu de la disculpa (Zangue). El budismo no es pensar: "soy una mala persona", sino un reconocimiento de nuestra responsabilidad de haber hecho las causas que crearon la situación. ¿Qué actitud debemos cultivar al enfrentar esta dolorosa verdad que aparece de vez en cuando? Hay personas que se sienten avergonzadas, descorazonadas o cobardes si algo negativo le ocurre. Estrictamente hablando uno degrada la ley manteniendo esos pensamientos negativos. Cuando llega la situación crítica, todo lo que tenemos que hacer es avanzar con nuestra cabeza en alto, resuelto, orgullosos y valientes. (Seikyo Times, Febrero, 1990. P. 1)

Vencer los problemas de manera budista.
En el nivel mas profundo, aceptar nuestro karma es aceptar nuestra misión de bodisatvas de la tierra. En "La Nueva Revolución Humana", el protagonista, Shin' ichi Yamamoto, busca animar a una mujer que lamenta su karma. Cuando ella acababa de mudarse a un país nuevo y extraño, su esposo murió repentinamente. Desesperada le dice ha Shin'ichi: "creo que debo tener un karma espantoso". Él le asegura que "el sufrimiento y la mala fortuna que padeces existe para que puedas completar tu única y noble misión". Y sigue diciendo: El budismo enseña que aquellos que lo practican escogieron nacer en circunstancias adversas para poder ayudar a los demás. Deliberadamente hemos escogido nacer en medio de personas que sufren y ahí propagar la Ley Mística. Podemos decir que karma es otra palabra para misión. (Volumen 1, pág. 252-254)

Triunfando sobre nuestras adversidades particulares, podremos mostrar la absoluta seguridad del Budismo del Daishonin a otros. Y para nosotros, cuando finalmente triunfamos sobre un sufrimiento particular, lo que permanece es una sensación vibrante de libertad, una libertad y un poder de no temer a nada por la absoluta confianza en nuestra propia naturaleza de Buda. No representaremos el papel de víctima, sino el de vencedores. Esta es una práctica para toda la vida. Si nuestra meta es la paz mundial, nos impulsará como un cohete a través de la más ardua de la pruebas. Mientras vivimos el drama y hacemos este trabajo duro para nosotros mismos, debemos celebrar los aspectos positivos de nuestra personalidad y valorizar cuán lejos hemos llegado.

1 comentario:

erik695anika dijo...

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